Todos somos migrantes en el Día Internacional del Migrante

El jesuita Alejandro Guerrero Reynoso nos relata la experiencia del nuevo albergue para migrantes "Emiliano Zapata Del Valle" abierto en Chiapas, México, en la ruta de los migrantes centroamericanos a los Estados Unidos.

Emiliano Zapata del Valle

Inauguración y bendición del espacio de refugio y ayuda humanitaria:

Desde muy temprano, mucho antes de que amaneciera, hombres y mujeres de la comunidad de Zapata, comenzaron a preparar la celebración de la inauguración de la cocina y comedor, recién construidos por ellos con la ayuda de organizaciones y personas de buena voluntad.

Ya hacía dos años que, en la Misión Santísima Trinidad (La Arena), habíamos comenzado a concretar un proyecto para dar una ayuda sencilla, pero necesaria, para todos los migrantes que se detuvieran en las comunidades del tramo de carretera fronteriza con Guatemala, entre Nuevo Francisco León y Zapata del Valle. Este año 2016, la proclamación del año de la Misericordia por el Papa Francisco, nos motivó a concretar un proyecto. Hoy, en el día Internacional del Migrante, quisimos agradecer el trabajo del año y hacer esta celebración en la comunidad receptora de migrantes en el territorio de la Misión.

Zapata del Valle es un ejido que apenas tiene 20 años de existir. Su gente, de habla ch’ol y tseltal, vino de los Altos de Chiapas en busca de tierra. Por eso, por la experiencia que vivieron en su caminar, dicen con seguridad y energía: “Todos somos migrantes”. Incluso algunos de ellos ya vivieron el calvario de migrar al norte.

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Desde la mesa del presídium, el presidente del Comité de Zapata presenta su trabajo con los migrantes.

Fueron llegando grupos de personas, de diferentes comunidades y organizaciones. Las personas de la comunidad ya estaban preparadas para invitarnos a tomar té de Limón con tortillas, recién hechas, frijolitos y arroz.

Poco a poco nos fuimos formando un grupo grande. Había jóvenes que venían de diferentes comunidades, tanto tseltales, como ch’oles y zoques. Por eso nos llamamos Misión Santísima Trinidad, por estar formados por tres pueblos, tres culturas, tres lenguas.

Cuando todos terminamos de desayunar, inició la ceremonia con la bienvenida y presentación de todas las personas que estábamos presentes: personas de “La 72”, albergue de Tenosique, Tabasco; dos religiosas Hijas de la Caridad y una psicóloga del albergue de Pakal Nah “jTatic Samuel Ruíz”, en Palenque; Héctor Vargas, S.J., hermano nuestro que colabora en el Servicio Jesuita a Migrantes; personas de siete comunidades tseltales, de siete comunidades ch’oles; y zoques de varios barrios del poblado Nuevo Francisco León. También estuvimos todos los miembros del equipo pastoral de la Misión.

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Muchachas tseltales bailando danza regional.

Juan Pablo Orozco SJ (Chore), coordinador del equipo, compartió el objetivo de la fiesta: “nos encontramos aquí para dar gracias a Dios por este espacio de refugio y ayuda humanitaria, por todas las personas que han colaborado y pedirle que bendiga a todas las mujeres y hombres de las comunidades que se han abierto a dar esta ayuda a nuestros hermanos migrantes”.

Hubo un momento en la ceremonia para que los invitados nos compartieran su trabajo: cómo nació, qué retos tienen. También, Cutberto, otro miembro del equipo, narró el camino que hemos seguido para llegar a dar el servicio a migrantes en la Misión Santísima Trinidad.

Entre las intervenciones de los asistentes, los jóvenes alegraron la convivencia con danzas regionales, poesías y una representación de lo que viven los migrantes en su paso por México. Hubo, también, un momento en que detuvimos la ceremonia para recibir a tres grupos de jóvenes, que vinieron corriendo, desde sus comunidades, con la Antorcha Guadalupana.

“El gran reto que están viviendo en los albergues de Tenosique y Pakal Nah – dijeron nuestros visitantes - es el de enfrentar la transición de ser casa de migrantes a campamento de refugiados. El migrante se queda dos o tres días; el refugiado tarda tres o cuatro meses en arreglar sus documentos”.

En las diversas intervenciones fue brotando cuál es el origen de que se esté dando esta ayuda comunitaria en Zapata y, también, en Nvo. Francisco León. Nuevo Canán y, esperamos que pronto se dé, en Ojo de Agua Ch’ol:

¿En qué momento la masacre se convirtió en una aburrida noticia para la gente?. (Fragmento de la poesía de un joven ch’ol, migrante mexicano).

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Jóvenes haciendo una representación de los migrantes en el camino.

El testimonio:

Todos los presentes éramos católicos, reconocíamos que para dar la ayuda humanitaria, lo hacíamos desde nuestra fe, como Iglesia. Sin embargo, también reconocimos todos, que fue el testimonio de familias de Pakal Nah, de Zapata y de
Tenosique, lo que nos hizo mover el corazón. Siguiendo ese ejemplo fue que nos abrimos a involucrarnos y a ver la necesidad de apoyar, organizados, como parroquia o Misión.

La Hermana María nos dijo: “Desde antes de que llegáramos en el año 2012, personas de la comunidad ya ayudaban a los migrantes que esperan el paso de la Bestia (ferrocarril en el que se transportan los migrantes centroamericanos). Fueron conociendo sus necesidades y nació de ellos la idea de hacer el albergue, que se llama Casa del Caminante jTatic Samuel Ruíz García”.

Héctor, del Servicio Jesuita a Migrantes, les dijo a los de la comunidad de Zapata que él se había sentido muy bien acogido el día que llegó. “Lo que va a dar vida a este comedor es algo que tiene muy vivo la comunidad: sabe dar calor y acogida al migrante”.

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Procesión de entrada desde la carretera hacia la cocina comedor para la bendición.

Nosotros en la Misión comenzamos a pensar en un tipo de ayuda, cuando nos dimos cuenta de la ayuda que ya estaban dando varias familias de Zapata del Valle.

Estos testimonios fueron iluminados por unas palabras del Papa Francisco en “Misericordie Vultus”: “Misericordia es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el caminos de la vida”.

“Si tú supieras lo difícil que es caminar por este sendero, estar lejos de mi patria y de mi gente amada, no me perseguirías, me abrazarías y en mi llanto me acompañarías”. (Fragmento de la poesía de un joven ch’ol, migrante mexicano).

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Momento en que la tesorera del Comité corta el listón para inaugurar la cocina.

La organización en la comunidad y como Iglesia:

Del albergue “La 72”, en su intervención dijeron: “Felicitamos a la comunidad de Zapata por su organización y al Comité que está llevando a la práctica esta ayuda a los migrantes. Ustedes tienen una gran riqueza de estar organizados en la comunidad y como Misión. Escuchamos que, cada mes, hay una zona de la Misión Santísima Trinidad (Arena) que les envía maíz, frijol, azúcar, lo necesario para que puedan dar su servicio”.

El presidente del comité de migrantes de Zapata, también dijo: “Toda la Misión Santísima Trinidad formamos un equipo. Ustedes hermanos y hermanas de las comunidades, con el fruto de su trabajo en el campo alimentan a los migrantes. Tienen un gran corazón para ayudar al necesitado. Agradezco a los compañeros del equipo pastoral toda la ayuda que nos están dando”. “Los del Comité – continuó el presidente - nos hemos puesto a estudiar, a relacionarnos con otras organizaciones, para conocer y comprender mejor la realidad de lo que viven en sus países los migrantes. Así, podemos dar a conocer por qué salen del Salvador y de Honduras tantas personas”.

El superior de la Misión, Alejandro Guerrero (Oso), completó la información sobre la organización en la Misión: “Gracias a las familias de las comunidades que generosamente han dado ayuda a los migrantes, porque ellas fueron quienes movieron nuestro corazón a iniciar este proyecto con esas ellas y la Misión. Además de Zapata están otras tres comunidades, en las que también se da ayuda humanitaria. Fue en una reunión con los diversos comités, cuando decidieron que Zapata fuera la comunidad donde se diera un servicio más completo y organizado. Toda la Misión está involucrada para enviar a Zapata, mensualmente, despensa y leña. En Nvo. Francisco León, que es un pueblo grande, la ayuda se está organizando por barrio. El equipo pastoral informa, acompaña, impulsa el apoyo de las comunidades y colabora en la búsqueda de apoyo externo”.

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Celebración de la Eucaristía.

“Señor, llévame en un tren al cielo y no me preguntes si tengo visa, no me asaltes, no me golpees. Sólo eso te pido”. (Fragmento de la poesía de un joven ch’ol, migrante mexicanol).

Jesús es el rostro de la misericordia del Padre:

La raíz más profunda está en Jesús que mueve los corazones e invita a ser misericordiosos: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, hospedar al extranjero, visitar al enfermo… Fue en la Eucaristía cuando profundizamos en esta invitación de Jesús a arriesgarnos a abrir el corazón al más necesitado. Así fue como él se entregó por nosotros.
En Tenosique, con la mística de los franciscanos, fueron descubriendo a Jesús en el paso de los migrantes que entran por la frontera, a 60 kms. de distancia. Igual los sacerdotes de Palenque y las Hijas de la Caridad, con su propio carisma, abrieron el albergue en esa colonia por donde pasa la Bestia.

Dijo la Hermana María: “Nuestro dolor es ver al hermano que viene huyendo de la violencia en su país y que lleguen a otro, el nuestro, donde los asaltan, violan a sus mujeres, los golpean. Duele verlos llegar heridos por las inclemencias del camino, y sin nada”. “Sin embargo - añadió la Hermana - , ellos nos dicen que México les da de comer, cosa que no les dan en su país”.

Al medio día, como signo de solidaridad, hicimos una peregrinación por calles del pueblo. Al llegar a la cocina y comedor hicimos el caracol y celebramos nuestra fe en la Eucaristía acompañada con cantos del mariachi juvenil de la Arena. Escuchamos el evangelio del día en tres lenguas. Dos compañeras del equipo pastoral, con los principales y el diácono Ch’ol de Zapata, dirigieron la inauguración del comedor y cocina para dar la ayuda humanitaria. Dirigieron la oración de las cuatro esquinas y el centro de la casa, pidiendo la protección y bendición de Dios, como acostumbramos hacerla cuando hay altar maya.

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Un grupo de personas escuchando las presentaciones.

Alegres y agradecidos con Dios misericordioso y con la comunidad de Zapata, pasamos a convivir y comer los alimentos que, desde la madrugada, nos prepararon las mujeres de la comunidad. Ya satisfechos, nos fuimos despidiendo, hasta que sólo quedó la comunidad.

Fuente

  • Fotografía principal: Flickr: Darij & Ana - Licencia Creative Commons.

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