¿Por qué el Papa Francisco venció en el desafío de la reforma?

“La popularidad de Francisco es el fruto de la percepción de este papa como último bastión de lo conocido contra del avance de lo desconocido. La globalización del catolicismo y del papado también involucra la globalización de la definición de obispo como defensor civitatis. Y ya no es sólo la civitas de Roma, sino la civilización occidental.”

Esta opinión es del historiador italiano Massimo Faggioli, profesor de la Villanova University en Estados Unidos, consignada en el artículo publicado en el diario Il Mattino, el 21 de noviembre de 2016.

A continuación, el texto:

El domingo 20 de noviembre terminó en Roma el Jubileo abierto por el Papa Francisco el día 29 de noviembre del año pasado en Bangui, República Centroafricana. Fue un año jubilar que habló mucho sobre la Iglesia de Francisco, pues lo mostró obrando en diversos niveles relacionados entre sí.

El primer nivel es el de un pontificado en el cual la dimensión romana y curial del papa es claramente menos distintiva que su dimensión global. El nivel institucional de la acción de Francisco parece ser marginal, subordinado a la agenda del Papa, pero es una marginalidad que, en sí misma, es una acción de reforma. Francisco instituyó apenas dos nuevos dicasterios (el dicasterio para los laicos, la familia y la vida, y el dicasterio para el servicio del desarrollo humano integral) en la ausencia (por ahora) de una reforma amplia en el gobierno de la Iglesia.

Pero sería miope no ver los cambios radicales concretados y culminados durante el año jubilar: el continuo énfasis en la necesidad de una humildad institucional en la Iglesia; el nombramiento de nuevos cardenales de todo el mundo en una redefinición del papel del cardenal de honorificencia a servicio; un gobierno de la Curia Romana que puede ser entendido como en estado de suspenso, como en un coma farmacológico inducido por el papa en el cuerpo de la burocracia vaticana: uno de los usos del remedio de la misericordia.

El segundo nivel es el eclesial. Francisco concluyó el Sínodo de los Obispos de 2014-2015 con la publicación, el pasado abril, de la exhortación Amoris Laetitia sobre el amor en la familia, que contiene nuevas e importantes indicaciones sobre la pastoral para las familias y las situaciones atípicas, las cuales son reales y no abstractas. Se trata del documento más importante de los últimos 40 años sobre la familia, que renueva el modo de interpretar una tradición sobre el amor y la sexualidad, que remonta por lo menos al Concilio de Trento (1545-1563)

Francisco nombró una comisión de estudio sobre el diaconado femenino la cual declara abierto un debate que muchos pretendían que estuviese cerrado para siempre y que se inserta en recientes desarrollos de otras Iglesias (Hace pocos días el Patriarcado Ortodoxo de Alejandría decidió restaurar el diaconado femenino)

Inseparable del nivel eclesiástico interno al catolicismo es el tercer nivel, el ecuménico: el tercer encuentro (en tres años) con el Patriarca de Constantinopla Bartolomé I en Lesbos y con los refugiados; con los líderes anglicanos Justin Welby en Roma (que se puso de rodillas en oración ante la tumba de San Pedro, en un gesto de reconocimiento espiritual de la función petrina del papa); con los luteranos en Suecia para la conmemoración de los 500 años del inicio de la Reforma protestante. Estos encuentros cimentaron no solo la función ecuménica del papado romano sino también su reconocimiento por parte del vasto mundo de las Iglesias diferentes a las históricas de la Reforma, con mucha menor reserva en relación a algunos años atrás.

El cuarto nivel es el interreligioso: el encuentro de Asís en el Día Mundial de Oración por la Paz; la publicación del importante documento de la Comisión para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo, que declara de manera más fuerte que en el pasado la irrevocabilidad de los dones de Dios a Israel; la visita a la sinagoga de Roma; la audiencia del Papa Francisco al Gran Imán de Al-Azhar, la escuela de teología más importante del Islam Sunita.

El quinto y último nivel es el de la profecía social en el plano mundial y global, la cual se cruza con los otros niveles. El encuentro con el Patriarca de Moscú, Kirill, acontecido en Cuba confirmó la función de Francisco como mediador entre áreas geopolíticas y tradiciones confesionales no solo diferentes, sino también divididas por una historia de conflictos armados y extrañamientos culturales. El viaje a México representó el apéndice necesario para comprender el viaje de septiembre de 2015 a los Estados Unidos, la ya expotencia mundial indiscutible, el país clave para comprender las ambigüedades morales del cristianismo hoy en día ante las cuestiones de la inmigración, de la exclusión económica y social, del nacionalismo y del militarismo en un contexto de crisis del ethos democrático.

El congreso vaticano sobre la paz y no violencia, promovido por el dicasterio “Justicia y Paz”, junto con el movimiento Pax Christi, reabrió el debate sobre paz y guerra justa en el magisterio de la Iglesia y papal, en un reto contra las tentaciones de legitimar la reacción de Occidente contra el terrorismo a través del catolicismo.

El viaje a Lesbos (del cual Francisco trajo a Roma a 12 refugiados, hacia un Vaticano convertido de refugio del Papa después de la pérdida temporal de poder, en refugio para los refugiados) precedió en apenas en algunas semanas el premio Karlspreis otorgado al Papa Francisco en una Europa que en el intento de encontrarse, apela a un jesuita argentino.

Los viajes a Armenia, Georgia y Azerbaiyán llevaron al Papa a las periferias de Europa, pero principalmente, a las periferias de potencias imperiales que usaron y ahora intentan volver a usar la religión como instrumentum regni.

Con su discurso en el 3 Encuentro Mundial de los Movimientos Populares, Francisco presentó una alternativa radical al actual sistema económico y social que excluye programáticamente crecientes capas de la población, haciendo del papado la voz ya durmiente de un progresismo político absorbido por el liberalismo de la “identity politics”.

En esos cinco niveles, durante el Jubileo Extraordinario de la Misericordia, el papado evidenció de manera cada vez más inequívoca la línea, a veces subterránea, que conecta a Francisco con Juan XXIII y su intuición de convocar el Concilio Vaticano II.

El Pontificado de Francisco repropone sin temor y sin apologéticas, el mensaje del Concilio Vaticano II. El cambio de paradigma teológico y eclesial en relación a las nostalgias preconciliares es irreversible. El Jubileo Extraordinario recién concluido consolidó el proyecto del Papa Francisco, llevando a una radicalización y aislamiento de la oposición interna a la iglesia: ese es un desafío en vía de solución.

En la Iglesia Católica global hoy en día no hay una alternativa intelectual y espiritualmente capaz de proponerse como antagonista creíble y no caricatural de catolicismo de Bergoglio. El discurso se está desplazando del plano interno eclesial al plano social y político global. La oposición fundamental entre el espíritu del tiempo culminado (por ahora) con la elección de Donal Trump y el mensaje social del Papa Francisco es un desafío abierto ante nosotros.

Las palabras clave del Jubileo y del pontificado de Francisco, a saber, misericordia y pobres, ponen al catolicismo en la orilla opuesta en relación a una marea creciente: el avance de los populismos, el temor al otro en la figura de los refugiados, el colapso de la fe en la democracia como el colapso de los lazos de solidaridad no inmediatos, la popularidad del hombre fuerte como figura salvífica.

La popularidad de Francisco es el fruto de la percepción de este papa como último bastión de lo conocido contra del avance de lo desconocido. La globalización del catolicismo y del papado también involucra la globalización de la definición de obispo como defensor civitatis. Y ya no es sólo la civitas de Roma, sino la civilización occidental.

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