"No más muros. Exclusión y migración forzada en Centroamérica"

"No más muros" argumenta que en Centroamérica se desencadenan, especialmente como consecuencia de políticas neoliberales, procesos de emigración forzada y, simultáneamente, el incremento de controles migratorios: la externalización de fronteras y el cumplimiento de la ley (Law enforcement). A ello se suma la actividad del crimen organizado en regiones por donde procuran avanzar hacia los Estados Unidos. Estas dinámicas de exclusión y control revelan las dificultades del capitalismo por contener las contradicciones que generan sus propias políticas. Se estima que entre un 10 y un 12 por ciento de la población de la región ha abandonado sus países de nacimiento, lo que significa que Centroamérica cuadruplica la estimación de la migración internacional a nivel mundial. Por Carlos Sandoval, Red Jesuita con Migrantes Centroamérica.

Queridas amigas y amigos,

Esperando que se encuentren bien, en esta ocasión queremos compartir con ustedes la publicación ”No más muros. Exclusión y migración forzada en Centromérica”, de Carlos Sandoval, profesor e investigador de la Universidad de Costa Rica (UCR) y referente de la dimensión de investigación de la Red Jesuita con Migrantes Centroamérica (RJM-CA).

La tesis principal de No más muros es que en Centroamérica se desencadenan, especialmente como consecuencia de políticas neoliberales, procesos de emigración forzada y, simultáneamente, el incremento de controles migratorios, que hacen que la posibilidad de inmigrar se vuelva más difícil. Es decir, millones de personas centroamericanas se ven obligadas a emigrar, pero no pueden inmigrar, lo cual se vuelve más complejo por la actividad del crimen organizado en regiones por donde los y las migrantes procuran avanzar especialmente hacia los Estados Unidos. La respuesta a esta contradicción tiene un futuro muy incierto.

Uno de los objetivos estratégicos de la RJM-CA es ”Afrontar las causas estructurales que originan estas movilizaciones humanas”. Por eso creemos que en la coyuntura actual es urgente aportar a la reflexión sobre los factores que han venido condicionando la migración desde finales del siglo XX a la actualidad, especialmente los modelos de desarrollo y de seguridad que se han impuesto en la región, para tener elementos de análisis y propuestas de cara a la construcción de un posible (y deseado) nuevo contexto migratorio.

Un cordial saludo,
Yolanda González Cerdeira
Red Jesuita con Migrantes- Centroamérica
ERIC- Radio Progreso

Introducción

Se estima que el porcentaje de las personas migrantes internacionales corresponde al 3 por ciento del total de la población mundial, lo cual equivale a unos 200 millones de personas. A menudo se considera que tales cifras representan un aumento considerable de la migración internacional, con frecuencia explicada como producto de la globalización. Sin embargo, algunos historiadores (Hobsbawn, 1998) han notado que, en términos relativos, con respecto a la población de la época, hubo mayor inmigración en el siglo XIX que en el siglo XX. Por ejemplo, la población migrante internacional en 1917 correspondía al 1,94 por ciento total; mientras tanto, en el año 2000, la cifra alcanzaba 2,91 por ciento (Benhabib y Resnik, 2009: 1).

Saskia Sassen (2013) anota que, durante el siglo XIX y hasta la Primera Guerra Mundial, alrededor de 50 millones de europeos dejaron el continente. La hambruna que tuvo lugar en Irlanda a mitad del siglo XIX, la cual cobró la vida de un millón de personas y desencadenó la migración de otro millón, es el caso posiblemente más conocido (66, 76. Veáse también De Haas, 2005). Si a esta perspectiva histórica se integrara un análisis de la migración interna, muy poco estudiada contemporáneamente (Grimson, 2011), podría haber también resultados sorprendentes. Por ejemplo, la migración interna de China, sobre todo hacia las provincias del Pacífico, se estima en 200 millones de personas, en otras palabras, el equivalente de la inmigración internacional total. De lo anterior se podría concluir que tanto en términos históricos como del contraste entre migración interna y migración externa, debería tenerse mayor cautela cuando se concluye que se vive una ”edad de las migraciones”, la cual se asume a menudo como sinónimo de migraciones internacionales. Debe indicarse, además, que cerca de un 40 por ciento de la migración internacional ocurre entre países del Sur.

Quizá lo más sobresaliente de este periodo sea, por una parte, el incremento de la emigración proveniente de algunos países y regiones específicas, como de Centroamérica hacia Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea y, por la otra, el endurecimiento de las políticas migratorias en dichos países de destino; es decir, a nivel internacional, la politización de las migraciones no responde solo a incrementos cuantitativos, sino a cambios políticos de largo alcance desde los cuales estas se perciben como amenazantes.

Ahora bien, en América Latina se estima que unos 25 millones residen fuera de su país de nacimiento. De esos, 15 han emigrado en las dos últimas décadas, cuando los tratados de libre comercio han profundizaron las políticas neoliberales en la región. Una estimación siempre provisional indicaría que alrededor del 6 por ciento de la población de América Latina es migrante internacional (Pellegrino, 2003; Grito de los Excluidos, 2008; Martínez, 2011). En otras palabras, la migración internacional en América Latina duplica la estimación mundial.

En algunos países las tasas de migración de población fundamentalmente joven y saludable han implicado que hayan perdido ”el equivalente neto de más de un tercio de una cohorte juvenil en los años recientes (2005-2010)”, como ocurre en los casos de Guyana Francesa, El Salvador, Nicaragua, México o Ecuador, según se concluye a partir de un estudio publicado por la Organización de Estados Americanos. Incluso, en algunos países del Caribe, la emigración supera el 40 por ciento (OEA, 2011: 3).

En el caso de Centroamérica, se estima que entre un 10 y un 12 por ciento de la población de la región ha abandonado sus países de nacimiento, en su mayoría como parte de migraciones intra o extrarregionales; es decir, Centroamérica cuadruplica la estimación de la migración internacional a nivel mundial, una situación nada despreciable, la cual da cuenta de los profundos y difíciles retos al revertir procesos de exclusión social que definen la vida contemporánea en el istmo.

Tomando como referencia la comparación de los censos de Estados Unidos de los años 2000 y 2010, se estima que la población centroamericana en ese país aumentó en un 136 por ciento, siendo Honduras (191,1 %), Guatemala (180,3 %) y El Salvador (151,7 %) los países con un mayor crecimiento de la población viviendo en los Estados Unidos. Incluso un país como Costa Rica, más bien conocido como país receptor, reporta un aumento de un 84,3 por ciento de la población residente en los Estados Unidos entre el 2000 y el 2010. Este incremento de la migración de la región centroamericana hacia ese país del norte supera el reportado para el caso de mexicanos y mexicanas, el cual alcanzó un incremento de un 54,1 por ciento.

Para leer más:

Comentarios