Niñas y niños centroamericanos y mexicanos detenidos en Estados Unidos revelan: Una política migratoria de lobos con piel de oveja

Honduras, 29 de julio 2014. LA NIÑEZ MIGRANTE y REFUGIADA no acompañada que ha intentado fallidamente sortear los corrosivos muros del Norte se ha colocado en los últimos meses en el centro de atención de medios de comunicación, organizaciones sociales y gobiernos tanto en Centroamérica, México y Estados Unidos.

Honduras, 29 de julio 2014. LA NIÑEZ MIGRANTE y REFUGIADA no acompañada que ha intentado fallidamente sortear los corrosivos muros del Norte se ha colocado en los últimos meses en el centro de atención de medios de comunicación, organizaciones sociales y gobiernos tanto en Centroamérica, México y Estados Unidos.

Y aunque no es un fenómeno nuevo, los datos que han salido recientemente a la luz pública son escalofriantes. Las personas menores de edad no acompañadas que han sido detenidas por la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos durante la primera mitad del año 2014 suman casi 60 mil. De éstas, 17 mil provienen de Honduras, mientras que Guatemala, El Salvador y México reportan cerca de 13 mil casos cada uno.

No más deportaciones

La acumulación de casos de personas que están en proceso de deportación en Estados Unidos, asciende a más de 375 mil, de los cuales, un 10% corresponde a personas menores de 18 años. A la vez, el Instituto Nacional de Migración (INM) en México informó que en lo que va del año, los centroamericanos detenidos y deportados desde México superaban los 55 mil, siendo que más de 11 mil eran niños, niñas o jóvenes, mayoritariamente hondureños.

Huyen de la violencia

La violencia generalizada ha obligado a la mayoría de estos niños, niñas y jóvenes detenidos a buscar protección internacional. Según entrevistas realizadas por ACNUR, el 58 de los detenidos indicó haberse visto en la urgencia de dejar el país que los vio nacer, debido a la escalada de la violencia y pobreza que ponía en riesgo sus vidas.

Para la Red Jesuita con Migrantes de Centroamérica y Norteamérica, la tragedia de la migración forzada de las personas menores de edad es la revelación de una crisis más profunda y estructural a nivel nacional, mesoamericano y mundial. Estos niños y niñas están tratando de salvar sus vidas. No pueden continuar en sus países por la falta de oportunidades y la carencia de un resguardo real a su integridad, la asfixiante pobreza y el abandono de los aparatos estatales que no son más que cascarones ineficientes y corruptos.

Si a ello se suman las reiteradas violaciones de los Derechos Humanos que padecen y la necesidad de reunirse con sus padres y madres, que antes se vieron forzados a migrar para satisfacer las necesidades mínimas de las familias que dejaban atrás, no cabe duda que lo mínimo que requerirían estos niños y niñas es ser acogidos dignamente en Estados Unidos y no apresados como delincuentes.

Muchas voces por la justicia

El Papa Francisco y el Cardenal Pietro Parolin, secretario del Estado Vaticano, nos recuerda que el fenómeno de la migración no puede ser resuelto únicamente con medidas legislativas o adoptando políticas públicas, por buenas que sean, y mucho menos únicamente con las fuerzas de seguridad y del orden. Agregan además que la solución del problema migratorio pasa por una conversión cultural y social en profundidad que permita pasar de la cultura de la cerrazón a una cultura de la acogida y el encuentro, la única capaz de construir un mundo más justo y fraterno, un mundo mejor.

Además, es necesario suscribir lo que los Obispos de Estados Unidos, México, Honduras, Guatemala y El Salvador, han expresado sobre la necesidad de hacer frente a las causas estructurales de las migraciones forzadas y apelar a la corresponsabilidad de los países implicados.

No podemos permanecer indiferentes

Alertamos sobre el hecho de que la respuesta que hasta ahora han dado en el tema migratorio, los gobiernos de Estados Unidos, México y Centroamérica, carece de una perspectiva integral que atienda las razones profundas que dan origen a la migración. Por el contrario, obedece a una lógica de seguridad impuesta a la región por Estados Unidos.

Con el pretexto de garantizar la seguridad de las personas migrantes, los gobiernos de Estados Unidos y México están tratando de cerrarles el paso sin plantear alternativas asequibles que les permitan regularizar su tránsito. Con ello están colocando a estas personas en mayor vulnerabilidad y riesgo, pues la migración irregular va a continuar y en adelante va a tener que ser por rutas cada vez más peligrosas.

Los lobos al descubierto

Es fácil entender entonces, cómo en lugar de acoger y proteger a los menores migrantes detenidos, se esté buscando acelerar su deportación; en lugar de facilitar la migración regular se esté reduciendo aún más las posibilidades de documentación; en lugar de promover recursos que favorezcan el desarrollo integral en las regiones de origen, se estén solicitando 3.700 millones de dólares, de los cuales casi la mitad se invertirá en agencias encargadas de seguridad, detección y control de los migrantes.
Expresamos nuestra preocupación por el Memorándum de Cooperación en Materia de Seguridad Interna, firmado entre Guatemala, México y EEUU, pues su propósito no es más que el de dividir a los cuatro países de Centroamérica que forman el CA-4 (Acuerdo de integración regional para el libre tránsito), dado que supone que Guatemala militarice más su frontera con México, el Salvador y Honduras.

Los gobiernos implicados deben

#Priorizar la atención de las causas estructurales de esta crisis, saber cuáles deben ser las estrategias para la reactivación económica local, el saneamiento de las configuración gubernamental y el fortalecimiento de los movimientos sociales para el cambio, entre otros ámbitos claves.
#Urgir a que se revise exhaustivamente cada caso de las personas menores de edad detenidas en Estados Unidos y México a fin de que quienes así lo requieran, obtengan el estatus de refugio.
#Privilegiar la reunificación familiar.
#Tratar las dinámicas migratorias desde la seguridad humana y no desde la seguridad nacional o la criminalización del desplazamiento forzado de las personas.

Nota informativa Red Jesuita con Migrantes Centroamérica y Norteamérica.

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