Mensaje del V Congreso de Teología India

Jóvenes representantes de las comunidades indígenas se reunieron en el Quinto Congreso de Teología India y comparten los hallazgos del encuentro.

A las y los jóvenes de nuestros pueblos originarios de México y Guatemala,
A las comunidades e Iglesias de nuestros países,
A las autoridades civiles y eclesiásticas,
A todas y todos los hermanos de buena voluntad:

Reunidos en Tz’olojche’ (Santa María Chiquimula, Totonicapán, Guatemala), del 28 al 30 julio de 2016, jóvenes representantes de nuestros pueblos Tzotzil, Tojolab’al, Poqomam, K’iche’, Kaqchikel, Mam, Q’anjob’al, Popti’, Akateko, Zapoteko, Wirárika, Awakateko, Uspanteko, Tzutujil, Q’eqchi’, Chalchiteko, Xinka y Mestizo, en el Quinto Congreso de Teología India hemos compartido lo que habita en nuestros corazones y el modo como queremos darle más vida.

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Todas y todos somos lideresas y líderes en nuestras comunidades y somos testigos de la herencia que nuestras abuelas y nuestros abuelos han sembrado en la milpa de nuestra cultura y los valores que ha producido como mazorcas que nos siguen alimentando para recrear el mundo que Ajaw Madre-Padre sueña para nosotras y nosotros. Pero también somos testigos con dolor de la plaga y el gusano que carcome y destruye la siembra que crece entre nosotros: líderes corruptos, un Estado decadente, gobiernos impuestos por los intereses del poder y del dinero, sectores de las Iglesias que siguen viendo nuestra espiritualidad como brujería y, algo muy doloroso, hermanos nuestros que usan nuestra espiritualidad como un negocio, comercializando así con la necesidad de nuestra gente.

Por eso, el tema de este congreso ha sido “El Servicio en nuestros pueblos como fuente de inspiración para una transformación política”. Hemos reflexionado basados en el testimonio que han dado nuestras abuelas y nuestros abuelos del servicio que históricamente nos han ofrecido. El espíritu de Dios es también el espíritu de nuestros ancestros, es el espíritu de nuestra madre tierra que está echando toda la fuerza en nosotros para cuidarla, respetarla, alimentarla y defenderla. Con esta fuerza queremos unirnos y comprometernos en la defensa de nuestros territorios frente a la minería, la deforestación, el monocultivo, la transformación genética de nuestras semillas, la contaminación y la comercialización de nuestras fuentes de agua y de todos los proyectos que ven como recursos y no como bienes lo que mamapapa Dios nos regaló para todas y todos.

Miramos en el Popol Wuj una invitación a descubrir nuestra vocación de servicio que nos viene desde nuestro nawal, desde la fuerza de nuestra luna y de nuestra estrella, desde el espíritu de nuestros ancestros que nos invitan a servir aún desde nuestra pequeñez, como los cuatro animalitos que trajeron el maíz de Paxil y Kayala, como las hormigas que nos traen las flores para vencer a los señores de Xib’alb’a, como el pequeño ratón que encuentra la pelota para que juguemos el juego de la victoria sobre la muerte. Ahí también descubrimos que nuestro servicio ha de ser desde la humildad pero cargado de rebeldía.

Con el consejo de nuestros mayores, hemos comprendido que sí se puede trabajar en beneficio del bien común y de la ayuda mutua entre hermanos y que la verdadera autoridad viene no del mandar, sino de ser guía para acompañar a la comunidad por el buen camino. De ahí la necesidad de trabajar en equipo, en consulta, en contra del individualismo al que esta sociedad nos empuja. Ya nuestro Hermano, que se hizo el más pequeño, nos dice que hagamos como Él, “que no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida como rescate por todos.”(Mateo 20,28)

Estamos convencidos que el destino del Mundo no está en manos de la corrupción, porque de nosotros depende cambiar esta realidad, porque está en nuestras manos el mantener viva nuestra cultura de servicio con el mismo dinamismo y con la misma fuerza que nos dejaron nuestros antepasados. No olvidemos el consejo que nos dejó nuestra abuela: “Cuando prestes un servicio a tu pueblo, no te vendas, no vendas a tu gente, no vendas a tu pueblo y no nos saques vergüenza.”

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