Haití, lidiando con problemas ambientales, socioeconómicos y políticos

Haití no se recupera de sus múltiples crisis por causas naturales y humanas. Compartimos el análisis de Jacques Diderot para la revista Intercambio.

Haití es un país caribeño localizado en la parte oeste de la Isla La Española, que comparte con República Dominicana. Esta isla, ubicada entre Cuba y Jamaica al oeste y la isla de Puerto Rico al este, cuenta con menos del 2% de su superficie con cobertura vegetal[1]. En Haití viven 11.1 millones de personas, con un PBI per cápita de 868.8 dólares (al 2018), y con más del 50% de su población viviendo en condiciones de pobreza y sin acceso a servicios básicos[2]. Muchas personas, e incluso ciudadanos de Haití que conocen la historia del país, todavía se preguntan: ¿por qué un país que fue la más floreciente de las colonias francesas ahora experimenta condiciones económicas y ambientales tan negativas?

Esta pregunta es tan complicada que ningún politólogo o haitiano la podrá responder en unas pocas líneas o en un solo artículo. Es importante evocar el periodo colonial para empezar a analizar la historia de Haití, por varias razones. Primero, su historia de independencia es algo sin precedentes, porque hace más de 215 años una revolución de esclavos pudo derrotar a las tropas francesas enviadas por Napoleón Bonaparte. Segundo, el desastre económico se inició después de la independencia de Haití, ya que sus primeros años como primera república, formada por antiguos esclavos independientes, fueron muy difíciles. Luego de su independencia, Haití fue considerado como una amenaza y un mal ejemplo para los países y colonias de América. Por ello, para evitar la emancipación de esa nueva sociedad de esclavos, los países más desarrollados lo aislaron económicamente, y el país nunca ha podido tener socios para implementar tratados comerciales que les permitan acceder a materias primas y tecnología[3]. Además de este embargo comercial, veintiún años después de su emancipación, bajo amenazas de guerra de parte de Francia, Haití tuvo que pagar por su independencia. De hecho, Francia, afectada por haber perdido a una de sus colonias más prósperas, regresó en 1825 para exigir una suma de 150 millones de francos de oro (el equivalente actual de 17 mil millones euros[4]). Haití aceptó pagar dicha suma para evitar otra guerra contra los poderosos colonos. No fue sino hasta 1952 que terminó de pagar las deudas, los préstamos e intereses para su independencia[5]. Claramente, el pago de dicho monto a Francia evitó que esos recursos se pudieran destinar a mejorar la provisión de servicios básicos como salud y educación a la población.

Los problemas ambientales que afectan al país generalmente provienen de la explotación descontrolada de los recursos naturales y la falta de regulación para detener la sobreexplotación de estos recursos.

A esto se agregan otros factores que contribuyeron a entorpecer el crecimiento económico del país caribeño, tales como la inestabilidad política y la corrupción, que son los peores males en el periodo actual. Por ejemplo, el presidente de la República de Haití, Jovenel Moise, acaba de nombrar a su cuarto Primer Ministro desde su toma de mando en febrero de 2017. El país está viviendo una situación política particularmente difícil donde el presidente y su predecesor, Michel Martelly, que son del mismo partido político, son sospechosos de corrupción y malversación de fondos del programa Petrocaribe. Este es un programa que fue establecido por el expresidente de Venezuela, Hugo Chávez, en 2005. Consistía en otorgar préstamos a Haití y otros 17 países del Caribe con la posibilidad de diferir el pago del 40% de sus préstamos por 25 años. El préstamo para el desarrollo de los países caribeños se hacía a través de la venta de petróleo a un bajo precio. Luego los gobiernos podrían vender el petróleo y utilizar las ganancias para financiar programas sociales. Desde julio 2018, Haití está experimentando momentos de gran tensión, donde los haitianos están saliendo a la calle para pedir cuentas de $ 4 mil millones de dólares, recolectados entre 2008 y 2016, que fueron malversados por varios gobiernos[6].

Con esta breve historia, se entiende por qué es tan complejo analizar los factores que explican la negativa situación socioeconómica y ambiental de Haití, pese a la existencia de recursos naturales, cuya adecuada explotación podría contribuir a su crecimiento y desarrollo.

Un elemento que llama la atención sobre Haití son las condiciones ambientales del país, pese a la existencia de riquezas naturales (por ejemplo, playas de excelentes condiciones para desarrollar el turismo o la existencia de áreas que permitirían desarrollar la actividad agrícola). Los problemas ambientales que afectan al país generalmente provienen de la explotación descontrolada de los recursos naturales y la falta de regulación para detener la sobreexplotación de estos recursos.

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El actual presidente de Haití, Jovenel Moise, ha sido acusado de corrupción y malversación de fondos junto a su predecesor, Michel Martelly.

Para muchos, es absolutamente sorprendente, e incluso inconcebible, escuchar que un país tiene menos del 2% de cobertura vegetal mientras que en 1945 el 21.6% del territorio del país estaba cubierto de bosques. Este país es parte de muchos países en desarrollo que tienen una combinación de altos niveles de pobreza y grandes problemas ambientales. De hecho, los principales problemas ambientales de Haití son la deforestación, la erosión del suelo y contaminación del agua. ¿Qué explica esta situación y por qué no hay una política pública para detener la pérdida de recursos forestales en este país? En Haití, el 80% de las necesidades energéticas se satisfacen con la ayuda de recursos locales: madera y carbón vegetal (carbón de leña) para el 71%, bagazo de caña de azúcar para el 4% y energía hidroeléctrica para el 5%[7]. De esta manera, el país está obligado a cortar cada año entre 12 y 30 millones de árboles para satisfacer la necesidad de leña, lo que equivale a un consumo que oscila entre 3.4 y 3.7 millones de toneladas de leña[8]. Este tipo de energía es consumida por cuatro (04) sectores principales: (i) el sector doméstico, (ii) el sector eléctrico, (iii) el sector industrial y (iv) el sector del transporte. El sector doméstico por sí solo consume el 70% del total de combustibles de madera del país, ya que es el recurso más barato para producir energía. Lograr reducir esta cifra se complica cuando se reconoce lo difícil que es para los consumidores cambiar sus hábitos de consumo y, además, se toma en cuenta que los factores socioeconómicos de los hogares (es decir, altas condiciones de pobreza) contribuyen a la adopción de leña como fuente primaria de energía doméstica.

En las últimas décadas, los gobiernos de Haití han intentado reducir el consumo de carbón y resolver así el problema de la deforestación. La estrategia más reciente del Gobierno fue sustituir el carbón por otras fuentes de energía locales o importadas como: queroseno, petróleo o gas, durante un período de 5 años, con un costo total de US$ 48 millones. Ciertamente, una estrategia de sustitución de carbón es la mejor; sin embargo, hay dos cosas importantes a considerar en la implementación de políticas públicas. En primer lugar, los bosques o las pocas áreas boscosas que quedan en el país no han sido protegidas por ninguna institución, ni hay ninguna ley que prohíba o regule la venta de carbón vegetal. Esto implica que cualquier persona que desee cortar árboles, y convertirlos en carbón, lo puede hacer sin ninguna restricción. No es necesario ser un experto en economía para darse cuenta de que el precio del carbón no cambiará (es decir, no se incrementará), a pesar de la política de sustitución de combustible, si es que no va acompañado de otras políticas. Como resultado, el precio del carbón siempre será más bajo que cualquier otro tipo de energía para cocinar disponible en el mercado y, por tanto, la gente seguirá utilizándolo.

Además, el proyecto para reemplazar el carbón vegetal con gas de queroseno no es económicamente viable a mediano o largo plazo, ya que el país no produce petróleo y estos productos contribuirán a aumentar el valor de las importaciones, lo que implica un aumento en el déficit de la balanza comercial del país.

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Debido a la deforestación, los impactos de los fenómenos ambientales son fatales. Además, Haití se encuentra en la cuenca del Caribe, donde se unen el Mar Caribe y el Océano Atlántico Norte, también conocida como la zona de formación para ciclones tropicales que barren las islas del Caribe hasta las costas de Florida o del Golfo de México todos los años, entre junio y setiembre. De hecho, los ciclones tropicales se forman debido a la alta temperatura del océano (una temperatura superior a 26oC) y la humedad en áreas cercanas a la línea ecuatorial. Los huracanes y las tormentas tropicales han sido, durante mucho tiempo, las principales causas de los desastres naturales en el Caribe. Según la UNEP, debido al cambio climático, estos fenómenos naturales son cada vez más frecuentes en la región caribeña, y los daños son cada vez mayores debido a las condiciones socioeconómicas que hacen vulnerable a una gran parte de la población[9].

Cabe mencionar que Haití está marcado por un conjunto de vulnerabilidades ambientales debido a factores estructurales, sociales y políticos, como el rápido crecimiento de la población, manejo inadecuado de recursos naturales y pobreza extrema, agravadas por la existencia de gobiernos e instituciones débiles, además de inestabilidad política. La destrucción y la tragedia causada por el terremoto que sacudió al país en enero del 2010 muestra qué tan terrible y costosos pueden ser esos factores de vulnerabilidad mencionados. Este terremoto ocasionó alrededor de 300 mil muertos y destruyó 105 mil casas y edificios, siendo uno de los terremotos más destructivos en términos del número de víctimas de los que se tenga conocimiento[10]. Sin embargo, en la última década, las inundaciones severas provocadas por los huracanes y tormentas tropicales han causado daños importantes que ocasionan gran número de muertes. Por ejemplo, en 2004, más de 5 mil personas murieron debido a tormentas tropicales e inundaciones severas en varias regiones, donde 2 mil murieron en la zona de Fonds-Verettes y Mapou, y meses más tarde, inundaciones relacionadas con la tormenta tropical Jean mataron a más de 3 mil personas en Gonaïves y Port-de-Paix[11].

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El uso de carbón vegetal en todos los hogares de Haití ha provocado una severa deforestación en el país, haciéndolo más vulnerable a los fenómenos climáticos de la zona, como las tormentas tropicales e inundaciones.

Los problemas ambientales de Haití están estrechamente vinculados con los problemas socioeconómicos y políticos del país, y es un círculo vicioso. La deforestación se genera porque la población utiliza el método más barato para obtener combustible para cocinar, la leña. Si la situación económica de la gente no mejora, no podrán conseguir dinero para usar cocinas a gas y dejar de usar leña. La vulnerabilidad y la mayor frecuencia de los fenómenos naturales hacen que la economía del país sea más volátil, lo que dificulta lograr un crecimiento económico sostenido. El punto de partida para romper este círculo vicioso es asegurar la estabilidad política y la capacidad de las instituciones públicas, con acompañamiento del sector privado y la sociedad civil, para implementar programas de acción coordinada, y así mejorar las condiciones socioeconómicas de la población. Para resolver el problema también es necesario priorizar políticas públicas viables que involucren una mejora en la productividad agrícola, que es una de las mayores generadoras de empleo del país, así como el mejoramiento de las condiciones de salud y el suministro de energía y agua, tanto en zonas urbanas como rurales.

Reducir la vulnerabilidad del país frente a las condiciones ambientales adversas es una necesidad urgente en Haití y para ello se requiere del trabajo conjunto del sector público, el sector privado y la sociedad civil. La naturaleza sigue su curso; lo que se requiere es contar con una población resiliente, bien organizada y que haga un uso sostenible de sus recursos naturales y del medio ambiente.

Notas

  1. FAO, 2010. L’Évaluation des ressources forestières mondiales 2010, Haiti. FAO, Rome.
  2. WORLD BANK. (2019, 07). World Bank Indicators. Retrieved from https://data.worldbank.org/indicator
  3. MATTHEWSON, Tim. Jefferson and the Nonrecognition of Haiti. Proceedings of the American Philosophical Society, 140(1), 1996. Pag 22-48
  4. LE MONDE DIPLOMATIQUE: Haïti et la «dette de l’indépendance». 17 aoÛt 2010
  5. BRIÈRE, Jean-Francois. La France et la Reconnaissance de l’Indépendance Haïtienne: Le Débat sur l’Ordonnance de 1825. French Colonial History, 5. 2004. 125-138
  6. TIME: Why a Venezuelan Oil Program Is Fueling Massive Street Protests in Haiti. JUNE 24, 2019 https://time.com/5609054/haiti-protests-petrocaribe/
  7. Bureau des Mines et de l’Energie. Substitution du charbon de bois et du bois de feu en Haïti: Stratégie et Politique. Bureau des Mines et de l’Energie. 2001
  8. Idem.
  9. UNEP. Global Environment Outlook. New York, United States: Oxford University Press. 2002
  10. USGS. USGS, Science for a changing world. Retrieved 2019, 07 from https://web.archive.org/web/20160323203000/http://earthquake.usgs.gov/earthquakes/eqinthenews/2010/us2010rja6/#summary
  11. USAID. Environmental Vulnerability in Haiti. Petion-Ville: United States Agency for International Development (USAID/Haiti Mission). 2007

Fuente

  • Intercambio
  • Jacques C. Diderot Julien es Investigador Afiliado. Centro de Investigación de la Universidad del Pacifico (CIUP)

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