Europa a Turquía: Tome mis iraquíes y deme algunos sirios

En otra violación de las leyes internacionales y sus propios valores humanos, 28 países europeos acaban de acordar con Turquía abrir un nuevo “bazar” de refugiados, esta vez utilizando el viejo sistema de trueque: iraquíes y afganos a cambio de sirios y algo de dinero.

MADRID, 8 mar 2016 (IPS) - Los gobernantes de los 28 estados miembros de la Unión Europea (UE) se reunieron el lunes 7 en Bruselas con el primer ministro de Turquía, Ahmet Davuto?lu, para negociar un nuevo arreglo para los refugiados.

Según el borrador de este acuerdo, la UE enviara de vuelta a Turquía a todos los refugiados iraquíes y afganos que hubieran llegado o pudieran llegar a sus territorios desde  los campos de refugiados de ese país, a cambio de llevarse algunos de los cientos de miles de sirios que están atrapados allí.

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Miembros de siete familias diferentes de refugiados sirios, que antes no se conocían, llegaron juntos a las islas griegas y juntos siguen. Crédito: T.Karas/Acnur

Este intercambio de seres humanos incluye el pago a Ankara de 3.000 millones de euros en tres años -que se añaden a otros 3.000 millones de euros (3. 300 millones de dólares) ofrecidos a Turquía noviembre-, y la promesa de facilitar la entrada de ciudadanos turcos al bloque, aderezado con la retórica habitual de considerar un posible ingreso de Turquía al club europeo.

Satisfecho al parecer con el nuevo acuerdo, Davuto?lu se comprometió a abordar el drama del tráfico ilegal e personas.

“Con estas nuevas propuestas, nuestro objetivo es rescatar a los refugiados, disuadir a los que abusan y explotan su situación, y encontrar una nueva era en las relaciones entre Turquía y la UE”, afirmó.

No suena mal a los oídos, tanto europeos como turcos, de no ser por la flagrante ausencia del factor de derechos humanos.

Ningún lugar a donde ir

Actualmente, los refugiados que huyen de los conflictos armados en Afganistán e Iraq -dos países que fueron invadidos por coaliciones militares encabezadas por Estados Unidos y países europeos- representan menos de un tercio de todos los que se dirigen a Europa escapándose de las guerras en curso en el llamado “Gran Medio Oriente”.

IPS habló con un exfuncionario de la Agencia Española de Cooperación Internacional, que depende del Ministerio de Asuntos Exteriores. “Europa ha ido traicionando sus propios valores fundamentales por el tratamiento del drama humano de los refugiados en un estilo tan mercantilista”, dijo bajo condición de anonimato.

“Nosotros (los europeos) vamos a todas partes criticando y denunciando la falta de democracia y derechos humanos en tantos otros países… Ahora estos mismos países pueden perfectamente culparnos por nuestra hipocresía flagrante… todo esto es una vergüenza”, agregó.

La decisión de la UE de abrir esta nuevo “bazar” de refugiados culmina una serie de medidas contradictorias que sus 28 países miembros han ido tomando desde el pasado verano boreal.

Presionado aparentemente por la conmoción de la imagen del cadáver de Aylan, el niño sirio de tres años, que las olas arrojaron en la costa de Turquía, en un primer momento, el bloque europeo optó por lanzar una especie de subasta humanitaria a través del cual los estados miembros acogerían a cerca de un millón de refugiados. Alemania obtuvo el mayor lote.

También acordaron pagar a cada estado miembro unos 6.000 euros por cada refugiado acogido.

Pese a ello, los 28 países de la UE han aceptado a menos de 500 refugiados en sus territorios durante los últimos seis meses.

Mientras tanto, al flujo de 4,5 millones de sirios, que en su mayoría sobreviven en un estado de agonía en precarios campos improvisados en Líbano, Jordania y Turquía, se sumaron casi un cuarto de millón de iraquíes y afganos que huyen de largos años de derramamiento de sangre en esos países, herencia de la invasión militar.

Turquía alberga en la actualidad a alrededor de tres millones de refugiados, de los cuales unos 360.000 sirios solicitaron asilo en países de la UE el año pasado.

En este contexto, casi un millón de refugiados han estado navegando durante los últimos nueve meses desde Turquía a Grecia a bordo frágiles embarcaciones y a merced de traficantes de seres humanos, con la esperanza de continuar hacia otros estados europeos.

Se estima que hasta 2.000 refugiados llegan a las costas griegas todos los días, la mayoría de ellos de Siria, así como Irak y Afganistán.

No hay necesidad de comentar las trágicas escenas de cadáveres de los refugiados flotando en las aguas del mar Mediterráneo, ni las imágenes de los bebés que se aferran a sus madres, de los niños que lloran de miedo a lo desconocido, por no hablar de los huérfanos abandonados en las orillas después de que sus padres se ahogaron en sus intentos de cruzar las aguas turbulentas.

Todo el mundo ha estado observando estas tragedias todos los días en sus televisores.

¿Qué pasó con los innumerables tratados internacionales sobre derechos humanos, los derechos de asilo, de los refugiados, de los migrantes y de los niños que los europeos han ido promoviendo y defendiendo? ¿Se trata solo de propuestas para sus discursos públicos?

Una vez subastados, ¿qué hacer con los refugiados sirios?

MADRID, 13 ene 2016 (IPS) - Hace unos meses, una singular “subasta humanitaria” tuvo lugar en los despachos de la Comisión Europea en Bruselas, tras ver la imagen del cadáver de un niño sirio de tres años que el mar arrojó a las costas turcas. La “subasta” debía decidir el número de refugiados sirios a adjudicar por cada país de la Unión Europea (UE). Alemania ganó el mayor lote.

Pero antes de tomar una decisión final, algunos de los países europeos menos ricos se apresuraron a mostrar reticencias. “Estamos tratando de salir de la crisis; tenemos un porcentaje muy alto de desempleados; un enorme déficit público … “, tratarían de explicar las autoridades españolas, por ejemplo, con fórmulas diplomáticas.

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Una niña siria sentada en una silla rota frente a su tienda de campaña, en el campo de Faida 3, un asentamiento informal de tiendas de campaña para refugiados sirios en el Valle de Beka, en Líbano. Crédito: Alessio Romenz/Unicef

La decisión de la UE también desató una ola de controversias políticas. Algunos líderes conservadores, como el primer ministro húngaro Viktor Orban, alertarían contra ese “tsunami” de musulmanes amenazando con atacar “nuestra civilización cristiana”.

Otros, como el multimillonario estadounidense y precandidato presidencial republicano, Donald Trump, se apresuraron a reclamar la total prohibición de entrada a su país de todos los musulmanes.

El factor mano de obra

Mientras, los expertos en mercados laborales argumentarían que el llamado proceso de “selección natural” resolvería el problema, es decir, que los mercados de trabajo contratarían a aquellos refugiados cualificados como mano de obra no costosa, mientras que los no cualificados terminarían siendo inmigrantes ilegales indocumentados y, por lo tanto, fáciles de repatriar.
Pero este argumento no ha sido suficiente para calmar el pánico que varios políticos y muchos medios de información indujeron entre ciudadanos europeos.

Otro argumento esgrimido por esos expertos es el hecho de que la población europea sigue envejeciendo sin el reemplazo demográfico necesario, lo que se traduce en más receptores de pensiones y menos contribuyentes para reponer el presupuesto de jubilaciones.

Todo esto, por supuesto, al margen de las convicciones humanitarias.

Fue cuando la UE, encabezada por Alemania, decidió ofrecer ayuda económica a los países “de acogida” menos ricos (6.000 euros por refugiado) que los más reacios aceptaron el trato. Así España, que convino en acoger entre 14.000 y 16.000 refugiados, ha jaleado hace unas semanas la llegada de los primeros 14.

El nuevo infierno

Mientras, los medios de información difundían decenas de imágenes dramáticas y relatos trágicos sobre las kilométricas barreras de alambre de púas y concertinas construidas por algunos estados de Europa del Este; la llamada “jungla de Calais” en Francia; los cientos de refugiados atrapados en las fronteras; la llegada del frío invierno, o la muerte diaria de decenas de seres humanos en las costas griegas.

Luego vino la matanza brutal, inhumana, execrable de civiles franceses el 13 de noviembre a manos de terroristas yihadistas; los ataques inmediatamente anteriores contra la población desarmada en Líbano, así como los precedentes en Túnez y, más tarde, los de la víspera de Año Nuevo en la ciudad alemana de Colonia, por no hablar del diario asesinato de inocentes en Egipto, Iraq, Siria y Turquía, entre otros.

Todo esto creó problemas internos a varios gobernantes europeos, como la canciller alemana, Angela Merkel, además de alimentar aún más el pánico inducido entre los ciudadanos europeos.

Así, las convicciones humanitarias europeas se fueron poco a poco resquebrajando.

Un almacén de refugiados en Turquía

De repente, se encontró una “solución”: la UE pidió a Turquía mantener a los refugiados sirios en su territorio o en sus fronteras, impidiéndoles pasar a Europa, a cambio del pago de 3.000 millones de euros y la promesa de descongelar el bloqueado proceso de negociaciones con Ankara para su posible integración en el club europeo.

En otras palabras: transformar Turquía en un “almacén” de refugiados sirios, hasta que…

Hechos son hechos

Algunos hechos, entretanto:

  • El número actual de refugiados sirios supera los 4,5 millones – según la oficina del  Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). Esta cifra no incluye a los cerca de 7,5 millones de desplazados internos, es decir, de refugiados en su propio país. El total representaría más de 50 por ciento de la población siria de 23 millones de habitantes;
  • La cifra de refugiados sirios “subastados” en Europa representaría apenas una quinta parte de esos 4,5 millones errantes en suelo europeo;
  • El número de refugiados sirios que efectivamente podrían al fin permanecer en Europa se estima que baje a menos de 15 por ciento de esos 4,5 millones;
  • Los restantes, es decir, 85 por ciento de los 4,5 millones de refugiados sirios se distribuyen actualmente en Medio Oriente, en países árabes pobres e/o inestables, como  Líbano (con más de un millón de refugiados o una quinta parte de su población total); el turbulento Iraq, y Jordania, donde el campamento Za’atri representa la cuarta “ciudad” más poblada del país;
  • La mayor parte de ayuda y asistencia humanitarias proceden de los deficitarios recursos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) o de organizaciones de la sociedad civil;
  • Los propios europeos también fueron refugiados durante y después de la Segunda Guerra Mundial, con cifras que superan las de los refugiados sirios;
  • La labor humanitaria del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) comenzó en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial y, a mediados de los años 50, millones de niños europeos recibían ayuda humanitaria.

¿Y ahora qué?

¿Qué hacer ahora con estos 4,5 millones de refugiados sirios?

Tras casi cinco años de guerra que ya costó la vida de más de 300.000 personas; de intensos bombardeos a cargo de Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia; de la experimentación de últimos modelos de “drones” (aviones no tripulados) sobre el terreno, y tragedias humanas para más de la mitad de la población del país, el Consejo de Seguridad de la ONU de repente reaccionó.

Así, las cinco mayores potencias militares del mundo (Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Rusia y China), adoptaron el 18 de diciembre la Resolución del Consejo de Seguridad 2254 (2015) estableciendo una “hoja de ruta” para el proceso de paz en Siria, y un calendario de conversaciones facilitadas por la ONU entre el régimen de Bashar al Assad y los grupos de la “oposición”.

Todo se movió muy rápidamente, tanto que el enviado especial de la ONU para Siria, Staffan de Mistura, ya ha fijado el 25 de enero como fecha límite para iniciar en Ginebra las conversaciones entre las partes.

La “hoja de ruta” habla de muchas cosas, incluso de elecciones “libres” en el plazo de 18 meses.

No hace mención explícita, sin embargo, al destino de los 12 millones de refugiados en su propio país o en las tierras y mares del mundo, ninguno de los cuales sabe ya qué hacer o adónde ir.

Editado por Estrella Gutiérrez

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