8 de Marzo: La Hospitalidad es Mujer - Mujer y Sostenibilidad

En el Día Internacional de la mujer, la Campaña por la Hospitalidad recuerda que el 51,6% de la población migrante en Latinoamérica y el Caribe, son mujeres; y son afectadas por la dura realidad de la migración forzada, el desplazamiento y el refugio, la discriminación en el mercado laboral, la violencia doméstica, los prejuicios sociales hacia las mujeres solteras, la pobreza, la criminalidad organizada. Por otro lado, también reconoce el liderazgo de las mujeres al practicar la hospitalidad con las personas migrantes, buscar a los migrantes desaparecidos, luchar por mantener la unidad familiar a pesar de la distancia (Caravana de las Madres Mesoamericanas y Las Patronas). La hospitalidad es mujer y es el camino para que nuestras sociedades sean justas y solidarias. Por Campaña por la Hospitalidad.

Hoy, día internacional de la mujer, la Campaña por la Hospitalidad recuerda que en Latinoamérica y el Caribe las mujeres son el 51,6% de la población migrante y que muchas de ellas están fuertemente afectadas por la dura realidad de la migración forzada, el desplazamiento y el refugio. Además reconoce el liderazgo de las mujeres cuando se trata de practicar la hospitalidad con las personas migrantes o refugiadas, de buscar a los migrantes desaparecidos o de luchar por mantener la unidad familiar a pesar de la distancia.

Desde Centroamérica cada vez más mujeres, y a menudo menores, se encaminan por las peligrosas rutas migratorias que antes eran utilizadas mayoritariamente por los hombres, exponiéndose al peligro adicional de la violencia de género y la explotación sexual. Muchas no tienen alternativa. La discriminación en el mercado laboral (donde los hombres siguen consiguiendo más y mejores trabajos), la violencia doméstica, los prejuicios sociales hacia las mujeres solteras, la pobreza, la criminalidad organizada, la violencia estructural en Estados que no logran garantizar la seguridad y los derechos básicos a su población fuerzan a las niñas y a las mujeres a dejar su lugar de origen. Por otro lado, al interior y alrededor de Colombia, muchas mujeres deben dejarlo todo y desplazarse con sus familias para huir de la amenaza de las armas o de la codicia sobre la tierra que habitan. Desde los países andinos y del Caribe muchas mujeres se aventuran en un nuevo proyecto vital que las lleva a cuidar a las personas ancianas de familias acomodadas en los países más ricos de América Latina o del Norte o de Europa, mientras mantienen la responsabilidad de su familia de origen.

Las mujeres migrantes, desplazadas o refugiadas tejen en el día a día una nueva realidad para sí y los suyos. Las anima el deseo de un futuro diferente y la perseverancia de buscarlo. A menudo encuentran poca o nula protección, si no abierta discriminación, en su camino y en el país adonde llegan. Pero también es frecuente que logren alguna forma de autonomía, que se asocien para reivindicar sus derechos y ayudar a otras mujeres, que consigan enviar remesas y/o reunificar a sus seres queridos.

La Campaña por la Hospitalidad pide que se respeten los derechos humanos de las mujeres migrantes, desplazadas o refugiadas, con independencia de su nacionalidad y estatus migratorio, en los países de origen, tránsito y destino. Esto significa garantizar a toda mujer el acceso a la asistencia sanitaria allí donde se encuentre, con particular atención a la situación de las mujeres embarazadas o violadas, el acceso ágil a una protección eficaz en caso de violencia de género y a condiciones de trabajo dignas. Solicitamos la más amplia ratificación y el pleno cumplimiento de las convenciones internacionales que reconocen los derechos de las y los trabajadores migrantes, de las y los refugiados y la eliminación de toda forma de discriminación y violencia contra las mujeres. También deseamos la puesta en marcha de políticas que faciliten la unificación familiar reconociendo a toda persona el derecho a vivir y a desarrollarse alrededor de los suyos.

En especial, lamentamos la falta de eficacia y de coordinación inter-gubernamental con la cual todavía se aborda la plaga de la trata de mujeres con fines de explotación sexual o de trabajo servil, una realidad invisibilizada, pero alimentada por una demanda que debe ser combatida en origen y en destino.

En este día queremos celebrar dos experiencias de mujeres que ocupan la esfera pública practicando la hospitalidad con las y los migrantes. La Caravana de las Madres Mesoamericanas que marchan en búsqueda de sus hijas e hijos migrantes desaparecidos, denunciando los abusos y la violencia de quienes convierten la migración en un negocio y la desprotección culpable en que incurren los Estados. Y Las Patronas, que celebran en 2015 su 20 aniversario, y muestran la enorme fuerza trasformadora de las acciones sencillas, devuelven la humanidad a las y los migrantes y nos recuerdan que cada persona tiene derecho a migrar en condiciones dignas y a recibir protección contra la violencia.

La hospitalidad es mujer y es el camino para que nuestras sociedades sean justas y solidarias.

Mujer y sostenibilidad

Por Lucía Zuloaga

La sostenibilidad se asocia principalmente al medio ambiente, pero va mucho más allá. La sostenibilidad comprende medio ambiente, economía, sociedad y cultura, y todas ellas están entrelazadas. Por lo tanto la equidad entre hombres y mujeres, además de a la justicia social afecta a la economía y al desarrollo sostenible.

La desigualdad genera violencia, eso es una realidad. Desde la misma OMS se recomienda promover la igualdad y prevenir la violencia de género. Entre otras cosas porque si se invierte en prevención, en educación, en políticas sociales, esto nos ahorraría el coste de sus consecuencias que ascienden a 109.000 millones de euros al año en los países de la Unión Europea.

Las mujeres sufren una situación de desigualdad a lo largo de todo el mundo. Hay quién presume de que en España eso ya no pasa, que no es una sociedad machista e incluso hay quién dice que las mujeres nos quejamos sin motivo, que vemos situaciones de disparidad donde no las hay porque eso ya es cosa del tercer mundo.

Un índice muy claro de esta violencia es la brecha salarial de género, las mujeres cobran un 19,3% menos que los hombres en España, algo que se ha pronunciado con la crisis dejándonos por encima de la media europea del 16,4% según los datos difundidos esta misma semana por Eurostat.

Eso sí, ellas tienen más estudios pero ellos, más trabajo.

Claro que el machismo no es cosa de hombres, o quién no recuerda las declaraciones de Mónica Oriol, presidenta del Círculo de Empresarios, diciendo que prefiere contratar ”a mujeres de más de 45 o de menos de 25 años”porque claro, ”si se queda embarazada ¿qué hacemos con el problema?

Pues el problema lo tendrá usted señora Oriol si decidimos entregarnos en totalidad a nuestro trabajo y dejar de tener hijos porque entonces ¿quién pagará impuestos para mantener su jubilación?

Es evidente que estamos en una sociedad machista y como vemos hay datos que lo avalan, esta desigualdad es tangible. También hay actos más sutiles, más difíciles de percibir, son los llamados”micromachismos”, definidos como violencia invisible.

Por ejemplo, Antonio y Eva son pareja. Antonio le dice a su madre que está pensando en comprar una olla express y su madre le dice que no se preocupe, que ella se acaba de comprar una nueva y que le da la antigua. Quedan el domingo para comer y la madre de Antonio les hace entrega de la olla, más bien le hace entrega a Eva y además le cuenta algunos truquitos sobre su uso. Eva se lo agradece mientras piensa ”¿y por qué me lo cuentas a mí? si el que se ha empeñado en la olla era tu hijo”. Antonio, feliz con su olla nueva, ni siquiera se ha dado cuenta del detalle.

¿Quién no se ha encontrado en estas situaciones?

Hasta en los ambientes más jóvenes o los que creemos más progresistas las mujeres siguen asumiendo principalmente los roles de cuidar de los pequeños y mayores; las tareas del hogar; nosotras putas, ellos machotes; es algo que va cambiando pero poco a poco.

Muchas veces el problema está en el vocabulario: papá que le dice a mamá ”ahora te ayudo con los niños, ¿te ayudo? ”. En esta afirmación damos por hecho que la responsabilidad es de la madre y él colabora, porque cuando salimos de casa ¿quién está pendiente del abrigo, los pañales o la merienda por si se nos hace tarde?

Hemos recibido una educación patriarcal y tenemos integrados muchos patrones que no son fáciles de modificar. Estemos atentos (as), todos (as), observémoslos y seamos parte del cambio, cuidemos también nuestras palabras porque realmente nuestra forma de expresarnos puede cambiar las cosas. Es una cuestión de respeto.

Notas:
  • Vídeo de Micromachismos de Eldiario.es
Fuentes:
  • Para mayores informaciones: rjm.hospitalidad@sjrlac.org
  • La Campaña por la hospitalidad (www.campañaporlahospitalidad.com)

Comentarios