Parir y nacer en la Venezuela del hambre. Palabra de Mujer. Historias - Capítulo 6

Esta sexta, y última, entrega del reportaje especial de El Efecto Cocuyo nos suma nuevas voces y relatos que nos permiten conocer la tragedia del hambre en Venezuela.

Solidaridad Familiar para Matar el Hambre

En la cima de un cerro, exactamente en el sector la Acequia, una de las zonas más pobres del barrio El Guarataro, un asentamiento popular de gran tradición en organización comunitaria en el oeste Caracas, vive Imberly Valecillos. Tiene 25 años, tres hijos y espera su cuarto bebé, pero esta vez en ausencia de su compañero a quien mataron en forma aún no esclarecida en un barrio acomodado de Caracas, después de salir de una discoteca.

Para Imberly, las penurias no son antes y después de la crisis de alimentos que vive el país, sino antes y después del asesinato de su compañero. Él era el sustento del hogar, trabajaba como ayudante de flota en una empresa de bebidas gaseosas. Hoy, ella con siete meses de embarazo y tres hijos, no puede salir a la calle a trabajar y vive de la bolsa de comida (CLAP, Comités Locales de Abastecimiento y Producción ) que le vende el Estado y que le llega cada “15 o 21 días”, así como de la solidaridad familiar.

Los carbohidratos que sólo alcanzan para unas dos semanas vienen en la bolsa CLAP, mientras que las pocas proteínas llegan a la casa a través de una red de solidaridad familiar, también golpeada por la situación de carestía y escasez de los alimentos. Los dos niños mayores de 9 y 6 años reciben meriendas matutinas en el colegio.

“Así con ayuda de mi suegra, de mi mamá, de la familia de él (refiriéndose a su compañero asesinado), nos ayudamos”, dice Imberly.

Ella asegura que sus hijos comen las tres comidas “y a veces hasta más”. La única hija que pudimos conocer no lleva las marcas del hambre, al menos no visiblemente. La pequeña de un año de edad es una niña vivaz y de buen peso.

Imberly había asistido a sus consultas regularmente hasta que murió su compañero. Se controla en un módulo de Barrio Adentro que está cerca de su casa. Dice que le han dado los micronutrientes (hierro, ácido fólico y calcio) sólo dos de las cuatro veces que fue a las consultas.

Reconoce que la situación de escasez la ha tocado, que se ha visto obligada a rendir los alimentos, en especial la harina de maíz, principal producto de consumo del venezolano. En oportunidades, sobre todo en las noches, Imberly sustituye la harina de maíz por plátanos verdes fritos y sólo con eso cenan ella y sus tres hijos.

De la situación de escasez alimentaria y alto costo de la vida le preocupa todo, hasta el hecho de no poder comprarle pañales a su hijo que está por nacer. Un paquete de 20 pañales cuesta unos 140 mil bolívares y eso le puede durar una semana, es decir que en un mes un bebé podría consumir unos 560 mil bolívares sólo en pañales, mucho más del salario mínimo en Venezuela que para el momento de la entrevista se ubicaba en Bs. 456.507,44.

Pero su gran preocupación es el azúcar, un producto que no ha estado incluida últimamente en las bolsas del Clap. “Yo no puedo comprar un kilo de azúcar en 80, 90 mil bolívares (el kilo) para el tetero de la niña”, lo que representa casi una cuarta parte del sueldo mínimo.

A las 10:00 de la mañana, la cocina estaba prendida y en ella había unas lentejas que serían parte del almuerzo con arroz y plátano, pero al preguntarle a Imberly qué había en su nevera, solo atinó a decir: “No tengo nada, lo que hay es un pollo de mi hermana”.

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Adolescente y sin carnet de la patria

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A Saray Castillo, de 15 años de edad y cinco meses de embarazo, no le pesa tanto la barriga como los prejuicios. Ha tenido el apoyo de sus padres, quizás porque pasaron por una situación similar con la mayor de sus hijas, que también quedó embarazada siendo una adolescente. Pero ha tenido que soportar el desprecio de quienes se limitan a decirle que debe acarrear con las consecuencias de “haber metido la pata”.

Saray es una de las venezolanas que engrosan la tasa de embarazo entre adolescentes de 15 a 19 años: 95 por cada mil. El indicador, establecido en el Informe del Estado de la Población Mundial 2017 del Fondo de Población de Naciones Unidas y validado por las autoridades sanitarias de Venezuela, supera el promedio de América Latina y el Caribe, calculado en 64 embarazos por cada mil adolescentes.

El embarazo adolescente es un problema de salud pública en Venezuela que impacta con mayor inclemencia a los sectores más pobres de la población. Y así lo reconoce el Estado venezolano en el Plan Nacional para la Prevención y Reducción del Embarazo en la Temprana Edad y la Adolescencia (2017 -2021), aprobado en septiembre de 2017.

"El número de madres adolescentes se incrementa a medida que aumenta la condición de pobreza. Los hogares en condición de pobreza extrema (dos o más necesidades básicas insatisfechas) cuentan con 15,69% de madres adolescentes, los hogares pobres no extremos (un indicador de necesidades básicas insatisfechas) 12,6%, mientras que los no pobres (no presentan ningún indicador de necesidades básicas insatisfechas) tan solo 7,75%", se indica en el referido plan.

Saray asume con entereza haberse visto obligada a “adelantar” su madurez. Ahora debe ser más organizada para proseguir sus estudios en parasistema, pues tuvo que abandonar el liceo donde estudiaba tercer año de bachillerato (el Colegio Mariscal Sucre, cuya sede está en Sabana Grande, precisa), ya que allí no admiten embarazadas.

"Es que el Mariscal Sucre es un colegio casi militar y no permiten esas cosas; más que todo por su reputación. Me dijeron que una estudiante embarazada lo que va a hacer es corromper, dar un mal ejemplo", cuenta la muchacha. Desconocía que, al menos en teoría, el derecho de las adolescentes embarazadas a continuar su educación en cualquier escuela del país está garantizado a través de la Resolución 1762 del Ministerio de Educación, que data de 1996 y que luego fue incorporada a la ley.

Ahora debe aprender un oficio para obtener ingresos en vez de gastar en una peluquería la mesada que le podrían dar sus padres. Ahora debe ir a más a control prenatal que al cine. Ahora debe comer más granos y menos golosinas. Granos, repite la muchacha, porque asegura que en su familia no hay suficiente dinero para consumir otro tipo de proteínas. Y se refiere a la situación generalizada de escasez y alto costo de los alimentos que afecta a toda la población venezolana, pero que en el caso de las embarazadas pone en mayor riesgo su salud y la del bebé por nacer.

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La joven dice haberse visto obligada a “adelantar” su madurez.

Algunos de los análisis de laboratorio que necesita los cubre la póliza de un seguro privado que tiene su familia. "Pero el seguro no cubre otras cosas, como los ecosonogramas. Yo necesito un control muy estricto, tengo que hacerme todos los exámenes mensualmente, porque mi tipo de sangre es negativo y la del papá del bebé es positivo", explica la joven.

El padre de Saray, Enrique Castillo, agrega que para evitar los riesgos de la incompatibilidad sanguínea su hija necesita Rhogan, un fármaco importado, que le deben administrar a las 28 semanas de gestación. Desconocen el costo de ese medicamento, pero presumen que puede ser muy alto.

La muchacha y su familia descartan la posibilidad de obtener el tratamiento médico que requieren de forma gratuita en un centro de salud público. “Yo, además de la clínica que me asigna el seguro privado, voy a control prenatal en la Maternidad Santa Ana. Allí voy a parir, pero allí no hay nada, ni reactivos para los exámenes ni las vitaminas que manda el médico”, indica la adolescente.

Con frustración y algo de rabia, Saray cuenta que trató de obtener la tarjeta de débito Hogares de la Patria para recibir el subsidio directo de 140.000 bolívares que ofrece el gobierno venezolano a las personas con mayor precariedad económica. Aseguró que acudió hasta al Palacio de Miraflores, la sede del Ejecutivo Nacional, pero que después de todo un día de espera le dijeron que para recibir la ayuda debía poseer el Carnet de la Patria, el más reciente mecanismo implementado por el gobierno para administrar subsidios y, en general, el acceso de la población a bienes y servicios esenciales.

“De ahora en adelante vamos a gobernar con el Carnet de la Patria, desde las bases, desde el pueblo. Todos los programas, misiones, grandes misiones, bonos, y planes de protección contra la guerra económica… Todo, Carnet de la Patria”, advirtió el presidente Nicolás Maduro, el 3 de diciembre de 2017.

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