Comunicado de la Presidencia de la Conferencia Episcopal de Venezuela ante las decisiones del Tribunal Supremo de Justicia

Compartimos el comunicado emitido por la Presidencia de la Conferencia Episcopal de Venezuela ante la nueva crisis que se enfrenta el pueblo venezolano.

Los acontecimientos de los últimos días, la reunión de la OEA y las decisiones del TSJ, plantean
a la conciencia de los que habitamos este país una seria reflexión. Lo sucedido ha repercutido en
las instancias políticas, jurídicas y sociales nacionales e internacionales. Es un claro indicio de que
se trata de una nueva crisis nacional sumamente grave que lesiona la democracia y la convivencia
de los venezolanos.

En nuestra condición de pastores de la Iglesia Católica, sentimos que estamos ante unas
ejecutorias que desconocen e inhabilitan el órgano público que representa la soberanía popular,
en función del ejercicio omnímodo y unilateral del poder, sin tomar en cuenta a la gente. Son
decisiones moralmente inaceptables y, por tanto, reprobables. Las dos sentencias, producto de
unas medidas que sobrepasan el ejercicio equitativo del poder, han provocado reacciones de
numerosos países y pueden generar en Venezuela una escalada de violencia.

Existe una distorsión en el ejercicio del poder en Venezuela. Pareciera que todo gira en torno a
lo político, entendido como conquista del poder, olvidando que las necesidades reales de la gente
reclaman otra visión del poder. La incapacidad para dar solución a la escasez y carestía de los
alimentos y medicinas, la creciente violencia, la incitación al odio y el desconocimiento de las
normas elementales para una convivencia en paz, son, entre otras, las causas que nos tienen
sumidos en un marasmo que entorpece el entendimiento y el progreso.

Más allá de las consideraciones jurídicas y constitucionales, la eliminación de la Asamblea
Nacional, suplantándola por una representación de los poderes judicial y ejecutivo, es un
desconocimiento absoluto de que la soberanía reside en el pueblo y de que a él le toca, en todo
caso, dar su veredicto. Una nación sin parlamento es como un cuerpo sin alma. Está muerto y
desaparece toda posibilidad de opinión divergente o contraria a quienes están en el poder. Se
abre la puerta a la arbitrariedad, la corrupción y la persecución, un despeñadero hacia la dictadura
siendo, como siempre, los más débiles y pobres de la sociedad los más perjudicados. Por estas
razones, repetimos, esta distorsión es moralmente inaceptable.

Desconocer la existencia del otro y sus derechos es, sencillamente, destruir toda posibilidad de
convivencia democrática y plural. Es más bien una provocación a la desesperanza ante el atropello
de derechos fundamentales del que todo gobierno debe ser el primer garante. Por el contrario,
es necesario generar gestos valientes e iniciativas innovadoras que motiven a esperar contra toda
esperanza (Cf. Rom. 4,18), para construir una convivencia libre, justa y fraterna; es tarea que nos
compete a todos, cada cual según su posición. Es una responsabilidad ineludible porque frente al
mal nadie puede permanecer como simple espectador. El llamado es a ser protagonistas del
presente y del futuro de nuestro querido país (Exhortación de la CEV, Enero 2017).

Estamos muy cerca de la Semana Santa. Para los católicos la conmemoración de los atropellos
contra Nuestro Señor Jesucristo es un urgente llamado a tomar conciencia y a actuar de manera
pacífica pero contundente ante la arremetida del poder. No se puede permanecer pasivos,
acobardados ni desesperanzados. Tenemos que defender nuestros derechos y los derechos de los
demás. Es hora de preguntarse muy seria y responsablemente si no son válidas y oportunas, por
ejemplo, la desobediencia civil, las manifestaciones pacíficas, los justos reclamos a los poderes
públicos nacionales y/o internacionales y las protestas cívicas.

Como católicos, debemos vivir los actos religiosos de la Semana Santa, conmemoración de la
pasión y resurrección de Cristo, las celebraciones litúrgicas y los actos piadosos, con un contenido
social que nos ayude a mantener la esperanza, la alegría y la solidaridad, en medio de las naturales
diferencias, propias de los seres humanos.

Invocamos la Intercesión del Nazareno y de María Santísima para que esta hora menguada que
vive nuestra patria encuentre, en la sensatez y prudencia de sus hombres y mujeres, los caminos
para superar tan grave y riesgosa crisis.

Con nuestra afectuosa bendición episcopal.

- Diego Rafael Padrón Sánchez
Arzobispo de Cumaná
Presidente de la CEV

- José Luis Azuaje Ayala
Obispo de Barinas
1° Vicepresidente de la CEV

- Mario Moronta Rodríguez
Obispo de San Cristóbal
2° Vicepresidente de la CEV

- Víctor Hugo Basabe
Obispo de San Felipe
Secretario General de la CEV

- Emmo. Sr. Cardenal
Jorge Urosa Savino
Arzobispo de Caracas
Presidente de Honor de la CEV

- Emmo. Sr. Cardenal
Baltazar E. Porras Cardozo
Arzobispo de Mérida
Presidente de Honor de la CEV

  • Fotografía principal: Flickr Kira Kariakin. Licencia Creative Commons.

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