SJR LAC: Testimonio de un refugiado colombiano ante el reto del perdón y la reconciliación

Testimonio de un colombiano refugiado en Venezuela desde mayo del 2006 como consecuencia de amenazas de grupos paramilitares en Colombia.

Tuve que desplazarme acá a Venezuela porque me dejaron un papel donde decían que me daban 24 horas para que saliera de la zona.

La experiencia de ser desplazado por la violencia

Llegar a Venezuela fue un poco difícil porque tuve que salir de noche de la casa con cinco de mis hijos pequeños y mi esposa. Fue difícil llegar a la frontera e ingresar acá a Venezuela.

Después de llegar a El Nula (Venezuela), yo solicité hospedaje en la oficina del Servicio Jesuita a Refugiados (SJR). Gracias a Dios, me recibieron muy bien, me dieron orientación, me dieron un poco más de seguridad, y desde esa época pues estoy esperando la respuesta a mi solicitud de refugio.

En estos 7 años que llevo de estar acá en el territorio venezolano, con el apoyo del SJR me siento bien porque volví nuevamente a nacer, se puede decir, porque me dieron mucho apoyo psicológico, inclusive ayuda económica.

Me encuentro trabajando y estoy bien de salud; mi familia también se encuentra bien. Veo que hay organizaciones que se preocupan por los desplazados, por los solicitantes de refugio, que no estamos solos y que hay personas que se interesan por los problemas de nosotros, los desplazados y refugiados.

Aprender a perdonar, reconciliarse con uno mismo y esperar

Uno de los técnicos del SJR me invitó al taller de reconciliación; yo acepté la invitación porque me interesa capacitarme y colaborar con ellos, aunque sea en eso porque me han colaborado mucho también a mí.
El taller me parece demasiado interesante, muy bueno porque aprende uno muchas cosas que tal vez uno tenía algo de conocimiento pero no tan claro.

Aprende uno a reconciliarse con uno mismo para poder reconciliarse con sus semejantes, con sus vecinos, muchas veces con sus compañeros de labores de trabajo en donde se encuentra uno laborando. Hay veces que uno no tiene la capacidad para reconciliarse con alguien que le haga cualquier cosa así sea por broma, entonces uno lo toma en serio y uno no tiene esa capacidad para poder perdonar y seguir adelante con la vida.

En este momento la palabra perdón para mí significa, olvidar lo que otra persona le ha causado a uno en sentido de ofensa, olvidarlo y definitivamente sacarlo del ser de uno, del corazón. Porque hay una ley, es decir que está escrito en la sagrada Biblia donde dice que uno debe perdonar para que Dios lo perdone a uno también, y perdonar no de palabra sino perdonar de corazón para así buscar que las personas se acerquen más y se colaboren en muchos sentidos; se busca como una unión a base del perdón.

El ejercicio en el que se quemaron los papeles me ha hecho sentir como que uno descansa, como que uno saca un poco de ese estrés de esas preocupaciones que tiene, que lo agobian en momentos. Después de quemar esos papeles con las palabras que se quemaron, uno toma un nuevo aliento, un nuevo aire para seguir con la vida.

Para mí la palabra esperanza significa no desfallecer en la meta que se ha trazado uno, sino seguir adelante buscando estar bien consigo mismo y con los demás.